Mahmoud Abunada vivió uno de los mejores y peores 45 minutos de su carrera en el primer tiempo del partido que su selección jugó frente a Suiza. El arquero qatarí se pasó esa primera mitad revolcándose por el césped. A fuerza de puros reflejos y estiradas milagrosas, se convirtió en una muralla ante la gran cantidad de ocasiones que crearon los helvéticos, sosteniendo a su equipo en partido cuando la lógica estipulaba una goleada en contra.
Suiza era un vendaval. Con juego asociado, llegaba tocando hasta dentro del área, desbordaba constantemente a los laterales y generaba la sensación de que el resultado sería bastante abultado. Qatar, si bien había arrancado con una gran chance en los minutos iniciales que desperdició el brasileño nacionalizado Edmilson Junior, pronto comenzó a sufrir el partido.
Y ahí apareció su arquero, una y otra vez para mantener el marcador parejo. La única que Abunada no pudo tapar fue la de Breel Embolo, quien a los 17 minutos de la etapa inicial cambió un penal por gol. Sin embargo, lejos de bajonearse, el golero qatarí siguió agigantándose. Un remate cruzado de Dan Ndoye, un mano a mano contra Denis Zakaria, un centro-arco de Michael Aebischer, y otro tiro fuerte de Rubén Vargas chocaron contra los puños del mejor de la tarde. Luego, en su mejor intervención, se abrió de piernas para volver a bajarle la persiana a Vargas, que había rematado desde el área chica pero el portero desvió el balón con la punta del pie.
El letargo europeo y la fe qatarí
Suiza sintió que el segundo tanto, tarde o temprano, iba a llegar, y se fue al descanso con total tranquilidad. Pero fue tan grande esa comodidad que lo sumió en un letargo. En el segundo tiempo, los europeos salieron a jugar como si estuvieran en un torneo de verano: sin cambio de ritmo, sin intensidad, casi esperando que su rival se equivocara y le regalara el merecido segundo gol.
Pero los goles no se merecen, y los asiáticos dejaron de padecer. A medida que pasaban los minutos, los helvéticos se conformaban cada vez más, confiados de que lo peor que podía pasar era que la goleada no llegara. Allí, Qatar empezó a mirar el reloj y entendió que solamente un acierto le daría una recompensa enorme.
En los últimos 10 minutos, parado de contra, el conjunto dirigido por Julen Lopetegui tuvo algunos espacios ante el desgano y la relajación del rival.
Un cabezazo a la historia
A los 94 minutos apareció lo que tanto esperaban. Homam Elamin escaló sin oposición hasta la puerta del área y envió un centro al segundo palo, donde Boualem Khoukhi se vistió de héroe: le ganó el salto a su marcador y clavó un cabezazo letal que desató la locura.
Pitazo final y un 1-1 con sabor a triunfo para la nación árabe, reflejado en las lágrimas de emoción de sus jugadores al terminar el encuentro. No era para menos: es el primer punto que Qatar suma en la historia de la Copa del Mundo.